Me levanto todos los días pensando que va a ser de mi vida. Siempre con la idea de que algún día van a cambiar las cosas.
Hago siempre la misma rutina: me despierto, me destapo, me siento en la cama y suspiro. Voy al baño, me enjuago la cara, me miro al espejo y me pregunto si me reconocerá. Veo la punta la hermosa vista que tengo desde mi ventana; el pico nevado de una montaña.
Voy a la cocina donde esta Spok, mi perro guardián, el único que me escucha y entiende. Lo desperté, ví en sus ojos la alegría de verme sentada junto a el. Es un perro siberiano con el pelo marrón y la cara blanca.
La historia de él comienza hace 3 años en el Refugio Los Guardianes en el Cerro Collicon yo estaba en uno de esos días en los cuales me levanto con una crisis y salgo a caminar es el mejor remedio para acomodar mis ideas.
El era el líder de un trineo con 8 perros atrás. Su dueño era un leñador que llevaba madera a los refugios. Cuando estaba pasando los ojos de ese perro se fijaron en mí, había sido tan fuerte esa mirada que me hizo detener a un par de metros. Me acerque sigilosamente con la mano extendida y lo acaricie.
Mientras tanto el leñador Joe corría desesperado gritando cuidado. Cuando llega al lado miró que boquiabierto.
- Es increíble lo que estoy viendo; este es uno de los perros más bravos que tengo y no te ha hecho nada.
Le respondí con una risa y le dije:
- Sentí que me estaba llamando.
De ahí en mas conocí a Joe; se había transformado como en un padre para mi, todo lo que tengo y la persona que soy se lo debo a el.
Trabaje un año con el hasta que falleció. Me había dejado una carta diciendo que me heredaba todo lo que era de el. Que venda a todos los perros menos a Spok que me lo regalaba, el siempre decía que nos merecíamos el uno para el otro.
Fuimos a buscar el desayuno con Spok, el paisaje era impecablemente blanco y el frió me hacia tomar bocanadas de aire para que recorría todo mi cuerpo. El encontró unos huevos y yo tenia pan del día anterior.
Luego de desayunar con el diario me fui a trabajar, como todos los días Spok me miraba como si fuese el último día que estaba ahí.
Tenia que caminar 8km todos los días para ir al pueblo. Trabajaba en una panadería, no era gran cosa pero me ganaba la comida. Siempre venían los expedicionarios a comprar y yo les contaba mis historias sobre el Cerro Collicon, ya que todo el pueblo sabia quien era.
Volvia a mi cabaña con la esperanza de que alguien me este esperando y me de un abrazo cuando llegue. Pero lo unico que me encontraba era con Spok que me movía la cola y me llenaba de baba, pero eso para mi era lo mejor que me podían dar, me llenaba de alegría y me sentía contenida.
Todas las noches me ponía a leer con Spok arriba de la cama, cuando apagaba la luz él sabia que tenia que ir a su cama que estaba al lado de la hoguera.
Un día, me levante exaltada, luego de verme en mí cama me sentí agradecida de estar allí.
Spok estaba con el hocico arriba de la cama mirándome, lo que me daba a entender de qué había estado hablando toda la noche. Yo sabia que la causa de eso era el pasado que me hacia ruido.
Hace mucho tiempo ya había sido una chica común y corriente que vivía en la cuidad pero le gustaba viajar. Había tenido una vida monótona en ese lugar, era feliz pero me sentía vacía. Me gustaba viajar sola a la montaña, era el único lugar donde me sentía yo misma. Viajaba sola con completos extraños, que cuando estábamos en ese lugar sentíamos la misma pasión. Teníamos viajes increíbles, siempre volvía con algún aprendizaje de vida. Por supuesto mis padres, hermanos y amigos no entendían porque lo hacia, pero me aceptaban. Por suerte tenia mi trabajo, mi casa y mi vida.
Un día ví la oferta de viajar. Era un desafío que me había prometido hace mucho, era subir el Cerro Collicon una de las montañas mas temibles, yo necesitaba hacerlo para acabar la vida que estaba llevando para ser la persona que siempre fui. Luego de muchas planificaciones había llegado el día. Nos encontramos en el punto de encuentro con el micro, las mochilas y el entusiasmo.
Éramos ocho personas, dos guías, tres hombres y tres chicas. Dos de esas chicas salían con dos de los tres hombres. Después quedaba yo y otro chico que estábamos solos, nadie entendía porque. Seguidamente de un viaje largo llegamos a la base del Cerro Collicon. Nos quedamos en una cabaña al lado de una hoguera, donde charlábamos, cantábamos, tocábamos la guitarra y lo que mas me gustaba eran las historias sobre montaña que contaban los guías. Entre tanto barullo un chico, el cual no había visto, comienza a hablarme. Charlamos toda la noche, nos reíamos, disfrutábamos, cruzábamos miradas y hasta nos sonrojábamos.
Era un hombre raro, tenía la cara llena de barba, los ojos verdes, era torpe, bruto, fuerte, pero yo sabía que en el fondo era otra persona. Esa noche los nos habíamos descubierto quienes éramos en realidad.
Había llego el momento en que empezábamos a caminar, todos estábamos muy ansiosos ya que habían pronosticado buen tiempo. Habíamos caminado durante dos días parando cada noche para comer y reponer energías.
Al siguiente día llegamos al Refugio Los Guardianes al medio día, los lugareños nos habían preparado una exquisita comida ya que al otro día nos teníamos que levantar muy temprano para caminar un día entero hacia Las Ruinas Sagradas.
En los pocos días que habían pasado ya conocía lo suficientemente bien a Chris, era el único hombre que me pudo entender y yo lo mismo con el. Pero había un problema; nos habían lastimado tanto posteriormente que nos daba miedo expresar lo que sentíamos. La siguiente mañana empezamos a caminar, todavía era de noche, se veía como se asomaba el sol entre las montañas, era una fotografía tan hermosa que llenaba mi cuerpo de vida. Había sido una de las caminatas mas fuertes que nunca había tenido, la nieve estaba muy resbaladizo lo que provocaba caminar con mayor dificultad.
Al medio día los guías armaron un campamento para poder abrigarse del frió. Luego de comer algo caliente y sentír el calor contenedor surgió la discusión de que es lo que querían hacer.
Las dos chicas con novio decidieron quedarse ya que no sentían los dedos de los pies. El resto accedimos a seguir caminando era una decisión difícil ya que afuera hacia mucho frió y era una distancia muy lejana. Caminamos sin parar durante horas, ya no había chistes, ni comentarios, ni halagos. Los guías se detuvieron para ver como estábamos ya que había muy poca la visibilidad.
En un momento sucedió lo más temible que podría haber pasado; miramos todos hacia arriba, vimos un bloque de hielo que se había desprendido, era tanto la inmensidad que ninguno tuvo la reacción como para moverse. En el transcurso de unos segundos que se hicieron inagotables miro a Chris, los dos sabíamos que iba a ser el fin.
En el transcurso de unos segundos nos vimos arrastrados por una masa enorme de nieve, te llevaba brutalmente y te sacudía sin piedad alguna. Lo único que quedaba hacer en ese momento era dejarse llevar, no había otra alternativa. En el medio de la desesperación, mi espalda choca contra una piedra enorme que me hizo sonar todos los huesos, la que logre agarrar mientras la nieve seguía cayendo sin parar hacía que mis brazos se vallan aflojando de a poco. Estaba a punto de soltarme y dejar mi vida en manos de los ancestros cuando abajo mi logro ver una cueva. Me balancee impecablemente que logre caer dentro de ella. Estuve tiritando hecha un bollito durante un par de horas mirando hacia fuera sin poder creerlo. Se hizo de noche, me quede dormida y pensaba que ya estaba en otra vida cuando un pequeño rayo de sol me da en el ojo.
Me levanto sorprendida de que tenía todo en su lugar. Por suerte todavía tenia mi botella que había quedado en el bolsillo interior de la campera, tenía tanta sed que tome toda el agua en un sorbo.
Logre salir de la cueva con un poco de dificultad, el cuerpo no me respondía lo suficientemente bien. Veía un mundo blanco, no había mas árboles, ni vegetación ni tampoco rocas (era todo desesperadamente blanco) la nieve había tapado todo.
Me puse en marcha buscando a mis compañeros. Había caminado todo el día, logre encontrar a los dos guías que estaba juntos pero se habían congelado. Con mucho esfuerzo los deje en mi cueva. Ya era de noche, hacia mucho frió y yo no podía con migo misma, decidí buscar un día mas y luego bajar.
En cuanto el primer rayo de sol salio empecé a buscar, no sabia muy bien a quien pero mi inconciente estaba buscando a Chris. Busque sin para por todos lados, todo el día, había caído mucha nieve y todo era muy parecido. Por suerte lograba distinguir mi cueva ya que era un pedazo de roca que se veía al final del abismo.
Era de noche y mi frustración crecía. Si no iba a mi cueva, me iba a congelar. Las lágrimas que caían sobre mi mejilla se congelaban y caían como escarcha sobre mi campera. Con mucho coraje y valentía gire para volver a mi cueva era muy tarde y ya no sentía los dedos de los pies. De pronto vi una luz que me volvía, vuelvo a enfocar con mi linterna y era la raya reflectora que tanto había cargado a Chris con que no funcionaba. Sentía que el calor de la adrenalina iba corriendo por todo mi cuerpo mientras sacaba nieve a baldazos.
Luego de eso no recuerdo nada de lo que había sucedido. Me había despertado un día mirando el techo, pasaba mucha gente, había muchas camas una al lado de la otra y una enfermera con una sonrisa en la boca venia hacia mi.
Me contaba que había hecho un acto heroico: había bajado del Cerro Collicon hasta el Refugio Los Guardianes donde les había dado indicaciones a los guarda parques de donde estaban los guías, las chicas y el chico. Me contó que las chicas que estaban en el campamento no las encontraron ya que la nieve había tapado todo, que los guías habían fallecido ya que estaban congelados, que los chicos no los pudieron encontrar y que el chico había llegado al hospital. Cuando había terminado de decir eso miro al lado mío: estaba Chris, se había golpeado la cabeza con una roca y no recordaba nada de lo que había sucedido.
Había pasado un mes en el hospital, me había costado mucho reponerme ya que había llegado con las últimas al Refugio. También me tenía que recuperar del shock post traumático. Cuando tuve la suficiente fuerza me fui de ese lugar ya no soportaba ver a Chris y no poder decirle nada. Ese día había conocido a Spok y a Joe.
Aquí me encuentro en mi cabaña con Spok al lado mió mirando por la ventana la punta helada del Cerro Collicon pensando en todo lo que me pasó. Tengo que reconocer que gracias a todo esto, esta vez, soy yo misma.
Fin