domingo, 1 de septiembre de 2013

Sucederás y me urge imaginarlo,
con un sin fin de utópicas premisas,
y una sensual y mítica fábula sin risas,
o en un irremediable pasaporte,
a aquel lugar que no es el nuestro, y no es futuro.

El devenir tendrá tus finas curvas,
un archivo exilado en el pasado,
tres cuentas ni vencidas ni pagadas,
y el martillar de un arma en las palabras.

Las vestimentas se pasan de moda,
los escenarios se quedan en bolas.
Los sentimientos no atienden los mercados,
los mercenarios no entienden de bodas.
Y vos, lo se,
seguís buscando novios en el Corte Inglés.
Y yo, sabés,
tan sólo pido tablas en el ajedrez.

Mas temprano que tarde y sin tragedias,
sin bochornosas noches de falsas indulgencias,
sin medios paraísos que saben a pecado,
ni verdes compromisos, que pides de prestado.
Saldrás de compras por la galería,
y en la liquidación de temporada,
conseguirás un retazo que tape tus dolencias,
y no someta a duda todas esas las mentiras,
que han dejado tranquila a tu conciencia.

Sucederás, y raya la locura.
El marchitar del alma no se afianza en pretéritos,
del mar de tensiones,
la única valiente es la de la epidermis.
De todos los problemas,
el único sensato,
es no quedar atado a los viejos teatros.

Las vestimentas se pasan de moda,
los viejos escenarios te dejan en bolas.
Los sentimientos no entienden de mercados,
los mercenarios jamás van a las bodas.
Y vos, lo se,
seguís buscando telas en el Corte Inglés.
Y yo, sabés,
Nunca fui un estratega en el ajedrez.

Sucederás, lo se…
pero la vida sucedió después.

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