domingo, 1 de septiembre de 2013

Sucederás y me urge imaginarlo,
con un sin fin de utópicas premisas,
y una sensual y mítica fábula sin risas,
o en un irremediable pasaporte,
a aquel lugar que no es el nuestro, y no es futuro.

El devenir tendrá tus finas curvas,
un archivo exilado en el pasado,
tres cuentas ni vencidas ni pagadas,
y el martillar de un arma en las palabras.

Las vestimentas se pasan de moda,
los escenarios se quedan en bolas.
Los sentimientos no atienden los mercados,
los mercenarios no entienden de bodas.
Y vos, lo se,
seguís buscando novios en el Corte Inglés.
Y yo, sabés,
tan sólo pido tablas en el ajedrez.

Mas temprano que tarde y sin tragedias,
sin bochornosas noches de falsas indulgencias,
sin medios paraísos que saben a pecado,
ni verdes compromisos, que pides de prestado.
Saldrás de compras por la galería,
y en la liquidación de temporada,
conseguirás un retazo que tape tus dolencias,
y no someta a duda todas esas las mentiras,
que han dejado tranquila a tu conciencia.

Sucederás, y raya la locura.
El marchitar del alma no se afianza en pretéritos,
del mar de tensiones,
la única valiente es la de la epidermis.
De todos los problemas,
el único sensato,
es no quedar atado a los viejos teatros.

Las vestimentas se pasan de moda,
los viejos escenarios te dejan en bolas.
Los sentimientos no entienden de mercados,
los mercenarios jamás van a las bodas.
Y vos, lo se,
seguís buscando telas en el Corte Inglés.
Y yo, sabés,
Nunca fui un estratega en el ajedrez.

Sucederás, lo se…
pero la vida sucedió después.

martes, 26 de julio de 2011

Algun día

Un día, como cualquier otro insulso y aburrido conoci a la persona más rara y loca que jamás me volví a cruzar.
Se llamaba Javier, tenía 10 mas que yo, era puro rock; bohemio, rebelde, inquieto, divertido, hecho a su manera.
Lo conoci en la universidad, en la cátedra de sindicalismo, para ese momento trabajaba con mi padre doce horas y no era raro que me durmiera en la clase.
Era la tercera vez que cerraba por completo los ojos cuando escucho:
- Si sigues sacudiendo la cabeza de esa manera te vas a desnucar.
Al escucharlo pegue un salto en mi banqueta tratando de disimular.
Me di vuelta para explicarle mi motivo y me dice:
- ¿Quieres una pastilla?
Quedé mirándolo, tome la pastilla y le agradecí mostrándole una sonrisa. Salí de la clase caminando lo más rápido que pude, lo único que quería era irme de ese lugar.
El sol al tocar mi cara me hizo sentir aliviada, ya estaba afuera con mis gafas oscuras (me hacían sentir invisible) El semáforo se pone en rojo, visualizo que no conozca a nadie, por suerte ya estaba en un territorio a salvo. Me prendo un cigarrillo largando el humo lo mas placentero posible. Hasta que ciento que me rozan el brazo, me quede helada sin mover un pelo, entre el ruido escucho:
- Dicen que para el sueño no hay nada mejor que tomar café.
Estaba el mismo chico de sindicalismo al lado mío haciendo de cuenta que no hablaba con nadie. El semáforo cambia a verde, empezamos a esquivar la gente.
- ¿Qué dices? Después de todo, a ninguno de los dos le interesa esa materia aburrida.
- Me parece un poco raro que de la nada venga un tío y me invite un café.
Quedamos uno enfrente del otro. Para esta altura me di cuenta que no iba a parar hasta que le diga que si.
- ¿Cómo te llamas? Le pregunto
- Javier, ¿y tú?
- Clara.
Entramos al café, yo me pedí un café negro y él uno de esos tés de hierbas con un olor horrible. Mi cabeza no podía resolver como hacia para hablarle a un hombre. ¿Por qué me invito un café? ¿Que tengo para que le interese? ¿Le daré lastima? Entre muchas cosas que se me pasaron por la cabeza.
Yo tenía el pelo marrón, los pantalones que se me caían, usaba ropa que estaba a la moda pero a mi estilo, me encantaba mi campera de Jean, mis zapatillas rojas y mis musculosas de diferentes colores. Odiaba que la gente me digiera que tenga cara de nena pero nadie se daba cuenta que tenia ojos marrones salpicados con verde.
Después de tomar el café, nos cruzamos en la puerta nos quedamos mirándonos y con una sonrisa le dije: - Gracias. Di la vuelta alejándome de él, se quedo mirándome hasta que no me vio más.
Cuando llegue a mi casa me encontré con una cantidad de tareas que mi padre me había dejado, tengo la teoría de que es una de las personas más explotadoras que conozco.
Tenia la cabeza en otra dimensión, me sentía que había estado hablando con un ser de otro planeta, pero me hizo acordar aquello guardado bien dentro mío que era; salir con un chico. Lo bien que se sentía los besos, los abrazos, su calor era tan maravilloso como doloroso.

Ese día me levante con la cabeza vacía, nada mas caminaba y me quedaba sentada como si nada. Hasta que escuche esa insoportable voz:
- Esta vez se te nota mucho mejor
- Si, por lo menos dormí seis horas.
- ¿Mucho trabajo?
- Si, con mi padre, no tiene mucha noción.
- Así son los padres ¿no? ¿Esta vez voy a tener que perseguirte por toda la universidad para que me aceptes un café?
- Como quieras, si tienes el tiempo.
- Oye, lo único que quiero es que seamos amigos, creo que tu y yo somos los únicos que concordamos entre toda esta gente.
Sabia que estaba en lo cierto, apreté los dientes y solamente me guié por impulso.
Desde esa vez después de la universidad íbamos a tomar café, nos quedábamos horas charlando de temas que no tenían ningún tipo de sentido uno con el otro.
Había veces que me quedaba mirándolo, sin prestar atención a lo que me decía, me preguntaba como serian sus besos, sus abrazos, su forma de dar cariño, empecé a sentirme erotizada por todas las cosas que hacia, agarraba el frasco de azúcar pensando que él lo había tocado y como sería si el me tocaba a mi.
Un día suena mi celular a las tres de la madrugada, sin sacar la almohada de mi cabeza contesto:
- Mmmm...
- Alo ¿estas ahí? No me podía dormir, quería hablar contigo para preguntarte algo. ¿Estas ahí?
- Sólo si dejas de llamar a estas horas
- Lo que necesito es algo tuyo, tengo muchos problemas y me gustaría si tú quieres…
- Si no me lo dices nunca lo sabré.
- … un abrazo, ¿puedes?
- Ajam
- ¿Estas todavía?
- Si lo que tú quieras, chao.
La siguiente mañana nos encontramos en la fuente que estaba en el patio de la universidad, me sentía un tanto nerviosa por el hecho de que no había entendido muy bien lo que había pasado. Lo veo de lejos por la forma de fumar, por los pantalones rotos y por el pelo que nunca se peinaba que le quedaba tan bien. Me detengo atrás de el hasta que voltea quedándonos lo suficientemente cerca como para llegar a ver las terminaciones de su cara. Nos reímos nerviosos y de a poco nos acercábamos, hasta llegar a tocarnos con el cuerpo. Yo envuelvo mis brazos muy lentamente alrededor de su cuello, haciendo de cuenta que es muy frágil, tocando su nuca con mis manos. Rozando mi mejilla con la de él al pasar, terminando por dejar mi cabeza en su hombro. El rodea sus brazos en mi cintura siguiendo el camino del Jean pero sin ir más abajo, pasando un poco por arriba muy respetuosamente. Nos quedamos unos segundos sintiendo el olor de su ropa, nos soltamos, el suspira y me da las gracias. Todo giraba alrededor mío lo miraba tratando de entender si el sintió lo mismo que yo, pero el estaba mirando hacia abajo y se me hacia imposible entender el gesto.
- Tengo una sorpresa para ti. Me dice levantando la cabeza.
- ¿Así? ¿Qué es?
- Es un lugar a donde quiero que me acompañes.
- ¿Cuando?...
- Dentro del fin de semana. Me debes prometer que me vas a acompañar.
- Está bien te acompañaré.
- Es mi cumpleaños y no lo quiero pasar con otra persona que no seas vos.
Me río entre dientes, mirando hacia abajo con un poco de nerviosismo aceptando su invitación.
- ¿Es una cita?
- Si tú quieres, lo es. Me responde
Nos despedimos mirándonos mientras nos alejábamos en diferente dirección.
En toda la semana trabaje a mas no poder, cuando iba a la universidad inconcientemente lo buscaba con la mirada pero nunca apareció, solamente me mando tres mensajes preguntándome si iba a ir.
Llegó el sábado a la noche, me sentía fuera de mi misma, no sabia que ropa ponerme, me traspiraban las manos y cada cinco segundos suspiraba.
Fumaba un cigarrillo mientras caminaba por la calle hacia el bar pensando en lo bien que la íbamos a pasar. Doblo en la esquina a toda velocidad cuando choco contra una persona la cual era él, al verme sus ojos brillaban más que nunca.
- No puedo creer que estés aquí. Me dijo
- Solamente vine por compromiso. Los dos echamos una carcajada.
Pone su mano en el bolsillo saca unas entradas para ir a ver a una banda que a los dos nos gustaba. Le acepte tomando la entrada y echando a correr en dirección a la entrada.
Compramos una cerveza, mientras la tomábamos estábamos acostados en el césped esperando que sea la hora del show. El recital fue uno de los mejores en toda mi vida. Íbamos ya por la tercera cerveza hasta que me invita fumar un cigarrillo de marihuana.
- Son flores, si no quieres no tienes que aceptarlo. Me dijo.
Tome el cigarrillo lo fume con placer, soltando el humo muy lento, sentía que me miraba deseando ser él el cigarrillo. A partir de ese momento todo cambio, me sentía demasiado contenta, suelta, libre. Bailaba con mucha gracia según lo que el decía mientras se reía a carcajadas.
Salimos del recital, le dije que todavía me sentía muy mareada y le pedí que me agarre porque no podía caminar muy bien.
Después de vomitar por segunda vez él se asusto me agarro de la cintura y me subió a un taxi.
- No te preocupes que va a estar todo bien, vamos a casa a descansar.
Yo estaba contra la ventana con toda la cabeza fuera del coche lo que a él le causaba muchísima gracia. Yo me reía y le pegaba despacio en el brazo para que no se ría mas.
Llegamos a su pequeña pero linda casa, un poco rara pero era común de una persona como el. Fui directo al baño sin decir nada, me lave la cara, me moje la nuca con agua fría y me ate el cabello como pude. Me senté en el inodoro agarrándome la cabeza, al ver que mi Jean estaba mojado, saliendo del baño le pregunto:
- ¿Tú sabes como me moje?
- Si, golpeaste conmigo y te moje, lo siento.
Los dos sabíamos que eso no era cerveza, sino producto que yo misma me había salpicado.
Prácticamente me desplome en el sofá, el sentó agarrándome la cabeza con cuidado y poniéndola sobre su falta.
- Soy un desastre, me manche, vomite y estoy borracha.
- No, no lo eres, esta noche me demostraste realmente quien eres.
- ¿Qué vamos a hacer cuando nos crucemos en el aula?
- Nada, nos vamos a reír de lo que paso.
- No, no nos vamos a reír, me va a dar mucha vergüenza cuando te vea y recuerde todo lo que paso, soy un asco, no mereces salir con migo.
- Clara, no tienes que decir eso a mi me encanta tu forma de ser, tus bromas, tu simpatía, tu sonrisa, tus ojos, la forma en que me miras, la forma en que dices las cosas de frente sin importarte que piensan sobre ti, la forma en que cambias la miraba cuando te digo un elogio porque se que eres tímida. Me encantas Clara, todo lo que tienes, me encanta, tu cuerpo, tu piel, tus abrazos, tu boca.

Sacando las manos de mi cara, apoyo mi cara sobre su panza sonriendo mientras que él tiernamente me acariciaba el cabello. Hubo cinco minutos de pleno silencio hasta que lo rompe diciendo:
- Te queda muy bonito el cabello atado.
Abro los ojos sabiendo todas sus intenciones, muy lentamente me levanto hasta llegar muy cerca de su cara.
- Eres hermosa, Clara. Tú no lo sabes porque nunca nadie te lo ha dicho.
Nos acercamos con un poco de miedo hasta rozar su boca de la mía. Mirándolo hace como un gesto afirmativo, acerca su boca hasta tocar la mía.
Sentí sus labios muy suaves, tiernos, su barba me raspaba un poco haciéndome un poco de cosquillas. Con mis labios a la misma vez que mi mano toca su mejilla, le tomo su labio superior mordiéndolo un poco, el responde agarrándome la cara con las dos manos e introduciendo su lengua en mi boca, nos besamos como sabiendo que era lo le gustaba al otro. Sin parar de besarnos me levanta, sube las escaleras hasta la habitación y me hecha a la cama. Con el apuro le quería sacar toda la ropa en un segundo pero me frena y me dice: - No.
Se corre de arriba mío, agarra la colcha desarmando la cama. Nos volvemos a encontrar uno al lado del otro mirándonos, empezamos a besarnos, me saca muy lentamente la musculosa mientras yo le desabrochaba el cinturón y los botones del pantalón. Las zapatillas de él y mis sandalias habían quedado en el camino. Girábamos rotundamente en la cama pasando de él arriba mío a de yo arriba de él. Esa noche tuvimos un encuentro de almas grandioso.
Al día siguiente me levanto con un tremendo mareo y dolo de panza, sin poder entender como había llegado a ese lugar. Hice memoria de lo que había pasado, se veía todo muy borroso, como si fuera un sueño. No quería pensar lo peor ya que la noche pasada estaba en muy malas condiciones.
Hice un gran esfuerzo para recordar todos los detalles cuando veo que debajo de las sabanas no tenía ropa puesta y que sobre mi cintura pasaba un brazo.
Pegue un salto en la cama como diciendo ¿Qué es lo que paso?, pero el seguía durmiendo. Lo mire, me agarre la cabeza agitando mis cabellos y me levanté. Me cambié, cogi mis cosas y me fui de ese lugar. Coloque mis lentes caminando sobre la vereda soleada. Cuando agarré mi celular, vi que tenia tres mensajes de mi padre que decía donde estaba y porque no había ido a trabajar ese día. Invente una excusa cualquiera safando de la situación.
Me tome el colectivo que me llevaba a mi casa, sentada a lado de la ventanilla abierta sentía la ráfaga de aire que recorría mi cara que tan bien me hacia sentir.
Luego de un par de semanas no lo vi por ningún lado, yo sentía vergüenza si me lo llegara a cruzar. Lo vi alguna que otra vez en el buffet pero él no logro encontrarse con mi mirada o no quiso.
Un mes después lo cruzo en la parada del colectivo, como ninguno de los dos tenía escapatoria nos tuvimos que saludar.
- Alo Javier, ¿Cómo te ha ido?
- Bien, dejé todos mis estudios para estudiar psicología, creo que es lo mío.
- Ah… mira, yo sigo en la misma facultad pero estudiando otra carrera, dejé de trabajar con mi padre y ahora tengo más tiempo.
- Me alegro de verte, te ves preciosa.
- Gracias, tu también te ves bien.
Ese fue el último día que ví a Javier. Dentro de cada uno quedó lo que aquella noche sucedió, algo tan hermoso como para dejarlo en esa habitación.

domingo, 24 de julio de 2011

Te extraño




Te extraño
en las miles de formas en que me miras
en la forma que me haces sentir cuando estas lejos
trato de evitarlo saliendo con otras personas,
pero me es imposible.
me llenas el alma de una sustancia que ya esta dentro
de mis venas cual veneno que me consume de apoco.
con solo escucharte ya se siente que de a poco
te vas apoderándote de mi
quedando completamente inútil y frágil frente a ti
Amor me haces tanta falta que te hiria a busca en cualquier
planeta, traerte y abrazarte para sentir que sos completamente mio
pero los recuerdos se hacen cada vez mas borrosos y confusos
dando la sensación de que son sueños; viéndote tal cual sos
escuchando tu voz idéntica.
Lo que si se amor, es que no te quiero olvidar
pero se me hace imposible ya no estando con migo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Ayer a la noche

Me siento tan frustrada que me da miedo levantarme. Lo único que puedo hacer es estar con los codos en las rodillas y llorar hasta que no tenga mas lagrimas.
Hace un par de horas ya, estaba con la gente que me rodea, viendo esas películas que no tienen ningún sentido pero que para mí, los tiene todos.
Soy una de las mejores personas que sabe disimular cuando esta quebrajada por dentro, la excusa mas fácil de decir es; que por culpa del cansancio tengo los ojos colorados.
Siento los escalofríos en mi nuca y todo el cuerpo. Lo que provoca que venga desde mi pecho todas las sensaciones de llorar, pero trago saliva y me los guardo.
El lema es no llorar delante de las personas, no me lo permiten.
Significa que tienes debilidades y que no sos digno de fortaleza.
Casi a escondidas logré llegar a mi cuarto. En el camino empezaron las contracciones en la panza, del dolor intenso. Me caí encima del almohadón, casi sin poder controlarme, las contracciones hacían que mi panza tenga retorcijones una y otra vez.
Tome coraje, me levante para cerrar la puerta, poner la traba y la radio, así no me escuchaban. La mejor forma para que no te escuchen es ponerte la almohada en la cara y gritar con todas tus fuerzas hasta que te quedes sin voz.
Sentía que tenía un circo en la cabeza, tenia imágenes repetidas una y otra vez, sobre lo que había pasado. Escuchaba voces, le contestaba, me paliaba, amenazaba, iba de un lado a otro. Le hacia preguntas, buscando respuestas en un espejo. Pero no me contestaba, la almohada tampoco, y es con la que mas consulto sobre las noches.
Llega un momento en el que ya no tenia fuerzas para seguir llorando y lo único que hacia eran sollozos.
Pienso en que todo esto nunca va a tener un final. Me acuesto en mi cama rendida, se que mañana va a ser un día nuevo y que voy a olvidar todo lo que paso.

lunes, 2 de agosto de 2010


La carta de amor

Queridísimo
¿Sabes lo enamorada que estoy de ti?
Me he enamorado sin dar un paso
¿Di un traspie? ¿Tropecé?
¿Perdí el equilibrio?
¿Me raspe la rodilla?
¿Me rasguñe el corazón?
Se que estoy enamorada cuando te veo.
Se cuando deseo verte, estoy en llamas
Cuando estoy cerca de ti,
siento que tu pelo me roza la mejilla
cuando en realidad no es así
A veces, dejo de mirarte y luego te miro de nuevo.
Cuando me ato los zapatos,
cuando pelo una naranja, cuando manejo mi auto
permanezco tuya.

martes, 27 de julio de 2010


-Tocaste mi corazón y mi alma, cambiaste mi vida y las metas de ella. El amor es ciego, y eso lo supe,
cuando mi corazón se cegó por ti. He besado tus labios y sostenido tu cabeza, compartido sueños.
Te conozco bien, conozco tu olor, he estado adicta a ti -

lunes, 19 de julio de 2010


No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Pablo Neruda